jueves, 10 de diciembre de 2015

¿Qué vacunas se recomiendan a las embarazadas y al personal sanitario?

Realizado por la Dra. María Fdez. Prada, especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública, actualmente dedicada a la vacunación en inmunodeprimidos y situaciones especiales (@mfprada)

Las vacunas durante el embarazo también funcionan


La administración de las vacunas frente a la tos ferina y la gripe durante el embarazo tiene importantes beneficios tanto para las gestantes como para sus bebés

La tos ferina es una infección aguda causada por una bacteria que tiene un mismo nombre (Bordetella), pero que puede aparecer con dos apellidos diferentes (pertussis o parapertussis). Estas dos “primas-hermanas” infectan al ser humano y llegan a la garganta donde paralizan los cilios de la mucosa (esos pelillos microscópicos a los que se pegan las partículas y los microorganismos que inhalamos) consiguiendo así expandirse por la tráquea y los pulmones. Ahí Bordetella libera una toxina que mata las células epiteliales hasta conseguir propagarse por todo el cuerpo. De esta manera, puede provocar desde un catarro normal hasta lo que se llama tos ferina maligna, una tos incoercible junto con apnea y fallo respiratorio que termina con hipertensión pulmonar y puede ser mortal.


Aunque la tos ferina no es una enfermedad moderna, la vacuna frente a la tos ferina (que se administra junto con la de la difteria y el tétanos) fue introducida en la embarazada en el año 2011 en EE.UU. y Reino Unido, como consecuencia de un importante aumento de los casos, especialmente en niños y lactantes. En España, algunas Comunidades Autónomas como Cataluña y Asturias se unieron a esta iniciativa en el año 2014 tras haberse registrado un total de 47 muertes entre los años 1997 y 2011, la mayoría en niños entre 0 y 2 meses de edad. En el primer trimestre de 2015 País Vasco, Navarra y la Comunidad Valenciana también optaron por la implantación de esta estrategia durante el embarazo y posteriormente se unieron Canarias, Castilla-La Mancha y Extremadura.

La vacunación de la embarazada en el último trimestre (entre las semanas 28 y 36) tiene dos objetivos principales. Por un lado, proteger directamente a la mujer frente a esta bacteria ya que se ha demostrado que un porcentaje importante de los niños afectados habían sido contagiados por los familiares más cercanos. Por otro lado, proteger indirectamente al recién nacido hasta que pueda ser vacunado a los 2 meses de edad con su primera dosis de vacuna. Hay que tener en cuenta que durante las últimas semanas de la gestación tiene lugar la mayor y más rápida circulación de anticuerpos a través de la placenta y, por tanto, si vacunamos a la embarazada en este momento estaremos garantizando que el bebé nazca con niveles de protección suficientes como para no contraer la infección en los primeros meses de vida. Además, se debería hacer lo mismo en cada embarazo, por muy cercanos que puedan ser, ya que los anticuerpos frente a la tos ferina van disminuyendo con el paso del tiempo y lo que se pretende es que en las últimas semanas del embarazo el “tráfico” de anticuerpos materno-fetal sea máximo.

¡Por cierto, nunca es tarde para vacunarse! A través de la lactancia materna también se transfieren (aunque en menor cantidad) los anticuerpos generados a partir de la vacunación, por lo que si el parto se ha precipitado y la mujer no se ha vacunado durante el embarazo podrá hacerlo una vez haya dado a luz para proteger al neonato mediante la lactancia.


Y no podemos dejar atrás la vacunación frente a la gripe estacional en las gestantes, tan necesaria e importante como la tos ferina. Aunque en condiciones normales una mujer sana no embarazada no debe tener problemas para afrontar una gripe en pleno invierno, la gestación produce cambios en la fisiología respiratoria, cardiovascular y del sistema inmunitario que hace que aumente el riesgo de enfermar y tener complicaciones como puede ser el parto prematuro o bajo peso del bebé al nacer. Al igual que la vacuna frente a la tos ferina, la vacuna antigripal es segura durante el embarazo. Incluso ambas vacunas pueden administrarse en el mismo momento. Se trata de vacunas inactivadas lo que significa que no contienen el microorganismo vivo y por tanto NUNCA (¡en mayúsculas!) podrán producir la enfermedad contra la que protegen.

(NOTA: por el contrario las vacunas contra la rubéola y la varicela, que llevan el virus vivo están contraindicadas y NO deben ponerse a la mujer embarazada). 

Así como la vacuna frente a la tos ferina se recomienda en las últimas semanas de gestación, la vacuna antigripal puede ser administrada en cualquier momento del embarazo. En la práctica, esta vacuna suele administrarse pasado el primer trimestre de gestación ya que en las primeras semanas tienen lugar la mayoría de los abortos espontáneos y se pretende evitar cualquier tipo de asociación casual (que no causal) entre la vacunación y la interrupción involuntaria del embarazo.

Lo mismo que hemos comentado para la vacunación frente a la tos ferina, vacunando frente a gripe a las mujeres embarazadas minimizaremos la transmisión del virus al recién nacido que, en los primeros meses de vida, presenta un sistema inmunitario inmaduro.

La vacunación frente a la tos ferina y la gripe estacional en la mujer embarazada son dos estrategias preventivas que deben ser recomendadas por parte de los profesionales sanitarios que acompañan a las mujeres durante este proceso vital tan importante (ginecólogos, obstetras, matronas, etc.) pues se ha demostrado que evitan enfermedades y salvan vidas (las de las madres y las de los bebés que vienen de camino).


Las vacunas en los profesionales sanitarios


Tu salud como la de tus pacientes depende también de que tu te vacunes

Si eres un profesional sanitario esto te interesa. Si un día tiene 24 horas (aunque los lunes parezca que tienen 80) podemos decir que nos pasamos casi un tercio del día en el trabajo (¡como mínimo!): 7 horas trabajando todos los días, 5 días a la semana, 4 semanas al mes, 12 meses al año (venga, vale, si quitamos las vacaciones son un poco menos, ¡pero no deja de ser mucho tiempo!). ¿Te imaginas la cantidad de situaciones en las que exponemos a nuestros pacientes a empeorar si nosotros estamos enfermos? ¿Te imaginas la cantidad de situaciones en las que estamos expuestos a enfermar si no estamos protegidos?


El contacto permanente con el entorno sanitario convierte a sus trabajadores en sujetos susceptibles para la adquisición y/o transmisión de enfermedades que son evitables con la vacunación. Seguramente todos hemos oído que un compañero (o incluso nosotros mismos) se ha quedado de baja laboral por haber cogido gripe o que, después de haber asistido un niño con varicela, amaneció a los dos días con la misma enfermedad.

Gripe, hepatitis B, tétanos, difteria, varicela, sarampión, e incluso tos ferina, hepatitis A, meningococo C y meningococo B (estas cuatro últimas según el puesto de trabajo) deben ser enfermedades contras las que el profesional sanitario debe estar protegido, tanto por la salud de los pacientes como por la suya propia. Anualmente los Servicios de Prevención de Riesgos Laborales (o Salud Laboral) ponen en marcha campañas de vacunación frente a la gripe estacional. Suelen ofrecer facilidades para que todos podamos vacunarnos, incluso los hay que ofrecen horario de tarde para adaptarse a los turnos de trabajo. El personal sanitario, si no es alérgico a la proteína del huevo ni tiene ninguna otra contraindicación, debería vacunarse frente a la gripe todos los años. Evitaría así la baja laboral y, más importante, reduciría la posibilidad de contagiar a sus pacientes.

La vacunación frente a la tos ferina fue propuesta por la Organización Mundial de la Salud en el personal sanitario de maternidades y unidades pediátricas en países con una alta tasa de transmisión hospitalaria. Aunque algunos hospitales españoles llegaron a poner en marcha esta iniciativa, actualmente esta estrategia se encuentra paralizada debido a la falta de abastecimiento de la vacuna, situación en la que se ha priorizado la vacunación de la embarazada. Además, si eres personal de laboratorio con alto riesgo de exposición a muestras biológicas que puedan contener hepatitis A, meningococo C o meningococo B, deberías estar también correctamente vacunado frente a estos microorganismos.

Si eres personal sanitario, casi con total seguridad recordarás que cuando iniciaste tu carrera profesional tuviste que recopilar toda tu documentación sobre la vacunas en la infancia, esos papeles ahora amarillentos que guardan las madres con tanto cariño. Quizá también te solicitaron una serología para verificar anticuerpos frente a hepatitis B, varicela y sarampión si con la documentación no quedaba algo claro o había pasado demasiado tiempo desde la última dosis. Todas estas comprobaciones garantizarán tu perfecto estado de salud y minimizarán tu riesgo de enfermar. Recuerda: si eres personal sanitario y trabajas con personas enfermas debes tener tu vieja cartilla de vacunación al día.

1 comentario:

  1. Muy importante a tener en cuenta las vacunas en estudiantes de medicina y enfermería que rotan por los hospitales durante años pero sobre los que no se hace una campaña específica. Muy interesante post.

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